El tramo Faro–Santarém cruza tierras de cultivo abiertas y expuestas y largas pistas con sombra limitada, donde el calor, más que las tormentas, suele ser la principal limitación. Enero y febrero suelen traer aire fresco y una mezcla cambiante, acorde con el carácter abierto de la ruta. A lo largo del año, el invierno ofrece aire más limpio con chubascos pasajeros; la primavera trae frecuentes secuencias de lluvia y sol y el reverdecer de los campos; el verano amplifica el calor en amplias llanuras con poca sombra; y el otoño transita hacia condiciones más frescas, mezclando claros luminosos con periodos más húmedos y, ocasionalmente, pistas rurales resbaladizas.