Al discurrir tierra adentro desde Lisboa a través de Ribatejo y las Beiras hasta Trás‑os‑Montes, esta ruta se siente más continental que las opciones costeras, con veranos más calurosos y expuestos y un final más húmedo y ventoso en el norte. Muchos peregrinos eligen marzo, abril y mayo por los días más frescos, el verdor primaveral y más horas de luz. A lo largo del año, el calor veraniego aprieta en los tramos meridionales más expuestos; el norte de Portugal y Galicia se mantienen variables y más húmedos; el otoño se vuelve chubascoso, con calor persistente en el sur; y el invierno trae lluvias frecuentes, mañanas frescas y pocas horas de luz.